Rompería Mil Lanzas si pudiera

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Hoy me siento tremendamente abatido. Aunque en algún lugar de mi corazón albergara la esperanza de que gracias a las voces de tantos que fuimos el sábado en Madrid y a las peticiones en toda la red, esto se iba a acabar, era consciente que el cruel final se iba a repetir.

Rompesuelas ha sido sádicamente maltratado en los últimos momentos de su vida. Ajusticiado sin culpa, para regocijo de una muchedumbre sedienta de sangre, inculta y con la conciencia adormecida por la costumbre a la tortura.

Y tremendamente triste porque siento mía la soledad de este animal inocente en su agonía final.
Triste por la falta de sensibilidad que he visto en los medios que han tratado el tema centrándolo en la polémica entre activistas animalistas y los protaurinos. Como otras veces, siguen sin entender nada porque nada sienten.

A excepción de a los que ya amamos de verdad la vida, de todos los animales humanos y no humanos, para la mayoría todo se reduce al conflicto entre las dos partes, sin molestarse en intentar comprender cual es el motivo final, cual es el hecho vergonzante que alienta a luchar por ello. Es la vida de Rompesuelas y la de los que le han precedido.

Es lamentable comprobar la cara de estupefacción de los comentaristas de noticiarios ante el esfuerzo de los animalistas de impedir la ejecución y la ausencia de posicionamiento de ningún medio ante este tipo de situaciones. No era de esperar de rTVE que ya sabemos que alienta la tauromaquia, pero el hecho es que a excepción de Pacma, nadie ha puesto el dedo en la llaga que es el acto mismo de la tortura y muerte de un animal sin que a nadie le afecte, ni a actores ni a espectadores.

Veo los ojos de Rompesuelas en el momento de morir y me siento tan solo como él ante la inmensa insensibilidad de esta especie que nos hacemos llamar humana.

Prefiero la animalidad, ya que la humanidad no me sirve.


 

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