Kay y su Felicidad

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Una buena adoptante del El Buen Amigo, Felicidad, ahora también socia, nos cuenta su pequeña y gran historia que nos demuestra una vez más lo que verdaderamente importa.

Decidí adoptar un cachorro cuando mi gato murió, así que fui a vuestra protectora acompañada de mis dos sobrinos para que me "ayudaran". 
Cuando estábamos dando una vuelta por el patio, todos los perros de las casetas estaban como locos ladrando y llamando la atención, menos uno que sólo asomaba la cabeza y parecía asustado.
De repente me olvidé de que quería un cachorro y dije: "Quiero ése"
Fue un impulso.
Me dijeron los voluntarios que no tenía nombre porque sólo llevaba un par de días allí, así que le puse Kay. Estaba lleno de heridas antiguas, y cuando llevaba varios días en casa me percaté de que era sordo.

Hoy no cambiaría a mi perro sordo por ninguno en el mundo, ni de raza, ni más bonito, ni que oyera perfectamente, ni más obediente,...
Es super-cariñoso, y nos entendemos perfectamente, hay sintonía entre nosotros.
Yo siempre digo que un perro abandonado tiene incluso más capacidad de cariño que uno que no lo ha sido, porque ha conocido todo lo malo, y cuando conoce el amor y la seguridad de una familia, lo agradece de una forma extraordinaria, yo lo veo en Kay.
Hoy es un perro feliz al que le encanta el campo, bañarse en el mar, jugar con su "primo" Elliot, y como no, tumbarse cuando no lo veo en el sofá.


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