Klein, no hay distancias para el amor

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La historia de Klein ha sido uno de los casos que más me han emocionado y en los que más se puede admirar de lo que es capaz la gente cuando quiere a un perro.

Klein era un perro que se pasó su primer año de vida atado a una pared con una cadena, sin que nadie le hiciera caso y rodeado de otros cincuenta perros en una casa de una pedanía de Los Palacios y Villafranca. Klein es de carácter tranquilo y nunca se pelea con ningún perro. Es un poco tímido.

Cuando lo rescatamos de la casa en la que estaba empezamos a notar que en cualquiera de las casetas donde lo metíamos los perros tarde y temprano acababan atacándole. En varias ocasiones tuvimos que alojarlo con los cachorros porque no había forma de integrarlo. Hasta que un voluntario se dio cuenta que el perro estaba convulsionando… pues sí … nuestro Klein era epiléptico. Ya sabíamos el motivo de porque los perros le atacaban: Cuando Klein convulsionaba los demás le atacaban.

Un compañero se lo llevó en acogida a su casa pero por avatares de la vida tuvo que ausentarse y entonces se vino a vivir a casa. Pero en esos días, ¡KLEIN HABIA SIDO ADOPTADO! Se iba para Bélgica.

En casa empezamos con las pastillas antiepilépticas y la rehabilitación intensa. El perro estaba poco estimulado lo que unido a la epilepsia hacía que no se moviera apenas. Empezamos a sacarlo mucho a la calle, a jugar con él, darle cariño y amor y buena comida. Al cabo de 2 semanas Klein estaba preparado para volar a Bélgica con su nuevo adoptante.

El día que fuimos al Aeropuerto de Málaga, íbamos con ilusión de que pudiera volar pese a su epilepsia y así poder reunirse con su adoptante para que pudiera empezar su nueva vida. Pero la mala suerte estaba con nosotros. Klein pesaba demasiado para ir en cabina y por su estado no nos atrevíamos a que viajara en la bodega por el riesgo de que le diera un ataque. Así que de vuelta a Sevilla.

Ese mismo día se le comunicó a su adoptante que no había volado en el avión y que se buscarían otros medios de transporte. Pero su respuesta fue de las de quitarse el sombrero. El Adoptante nos dijo que ya que no podía volar lo mejor para Klein sería que viniera él en persona, en su coche a recogerlo y llevárselo a Bélgica. ¡Más de 2.000 Km de trayecto!

Una semana después MARC estaba en Dos Hermanas (Sevilla) para recoger a Klein,  a su Klein, para poder llevárselo para su tierra. Aún recuerdo el día que lo llevé para que lo viera. Puso la misma cara que pone un padre cuando ve por primera vez a su hijo recién nacido. ¡Fue un momento maravilloso!

Ahora Klein vive en un pueblo de Bélgica, va en JEEP por el campo y tiene encantados a todos los amigos del club de campo al que acude Marc. No se separa de él ni un momento. Klein  tiene ahora lo que más necesita… UNA FAMILIA QUE LO QUIERE.

David Pineda, voluntario de El Buen Amigo.


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