Despedida a Mary

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Mary se llevó prácticamente toda su vida en el refugio, y eso pasa factura... Después de que Marlies la sacara conoció otra vida féliz, aunque sea por unos meses ha conocido el calor de un hogar. Todo el voluntariado se une a la pena por su pérdida y en especial a Marlies Furrer, que en Dos Hermanas (Sevilla) le brindó lo que es una auténtica familia. Nos queda el consuelo de verla sonriente en su casa y en su sofá. ¡Gracias de corazón por hacerla feliz este tiempo!

El artículo que hicimos solicitando ayuda para sacarla del refugio, cuenta su historia:

El trabajo voluntario en un refugio para perros abandonados puede ser muy gratificante si has llegado a él porque la empatía y la compasión se despertaron en ti, porque tus ojos aprendieron a ver su triste realidad. Pero también es muy duro –seguro que os lo imagináis-. Y una de las cosas más duras es la de ver como algunos se van haciendo viejitos. Y sin que hayan conocido otra vida que la de compartir un espacio limitado, con compañeros que llegan y se van, y el calor de las manos amigas de los voluntarios. Es muy triste y doloroso ver como se vuelven “invisibles”; ya no encandilan como un cachorro ni tienen la lozanía de un joven adulto que te salta a los brazos, probablemente han dejado de esforzarse en acudir a la valla en busca de su posible adoptante. Para ellos su vida se convierte en una rutina diaria apenas cambiante.

La edad pesa en ellos más que para un perro que viva en familia, porque cuando más cuidados requieren están expuestos a las inclemencias de la vida en el refugio, a pesar de que los voluntarios se esfuerzan en paliar el frío en invierno y el calor en verano. Para un perro mayor se hacen sentir con mayor rigor.

Mary es uno de nuestras supervivientes más nobles y ya tendrá sus diez añitos. Lleva en el refugio al menos siete años y en ese tiempo ha mostrado un carácter dócil y obediente.

Y aunque ahora sigue siendo igual de cariñosa, la artrosis propia de la edad, que el frío agrava, y su estado de ánimo nos hacen temer un posible sufrimiento si su situación no cambia. Su esperanza de vida y la calidad de vida de sus últimos años podrían aumentar sensiblemente si al fin alguien la adopta.

No queremos que sufra y no queremos tener que tomar la decisión más difícil de todo aquel que quiere a un perro. Pero no podemos consentir que sufra viviendo en el refugio por más tiempo.

Creemos sinceramente que puede hacer muy feliz a alguien con su compañía. Muchos adoptantes ya dieron el paso con perros mayores y con mayores problemas y nos han hecho partícipes de la felicidad de ambos.

Sabemos que estás ahí y tenemos que encontrarte para salvar a Mary

Mary se merece esta última oportunidad, la oportunidad de conocer otra vida en esta etapa tan delicada de su vida que es cuando más necesita del cariño y los mimos, de paseos tranquilos y de un hogar calentito.

Mary te espera.


 

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