Vilma, sin destino

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Como en otras muchas ocasiones en las que las vidas de los animales se cruzan con la de los humanos, para nosotros la historia de Vilma comienza en la carretera:

- Deambula sin rumbo -en ese viaje a ninguna parte del perro despojado de norte-, mejor seguir los caminos, a lo mejor el grande y duro, quizá un poco más allá encuentre lo que busca. En unos segundos su mala suerte ha dado con sus huesos en el asfalto. Un golpe seco, un ruido grande que dura un instante y enseguida un dolor terrible le impide moverse y escapar de allí. Lo intenta pero no puede ir muy lejos, sólo le queda hacer un ovillo para proteger su cuerpo. Su vida ya no tiene futuro. Nada cambia, sólo el frío de la noche y la luz del día, y el pasar de esos enormes objetos de voz ronca que aparecen y desaparecen a gran velocidad...-

Este podría ser el relato dramatizado de una historia demasiado común y que para muchos animales es la del final de sus vidas. Para Vilma pudo ser el fin de su historia pero fue el comienzo de otra dura etapa de su vida.

Si antes tuvo una vida feliz o desgraciada no lo sabremos y tampoco como llegó hasta ese lugar y de donde, lo que si sabemos es que la persona que debió de ser responsable de ella en su vida anterior no se molestó en identificarla, como ocurre con la mayoría de los peluditos abandonados en los miles de caminos y carreteras de este país.

Nos contaron que allí estuvo tirada varios días sin moverse. Cuando dieron el aviso y se rescató su estado era muy penoso y parecía difícil que pudiera sobrevivir. El veterinario que la atendió aconsejó dormirla para que descansara en paz, pero las voluntarias insistieron en que se hiciera todo lo posible para mantenerla sana y salva. Y así, aunque su pronóstico era reservado, fue ingresada y estuvo luchando unos cuantos días, al cabo de los cuales y viendo que se mantenía estable, se le dio el alta en la clínica y, aunque con una pata rota, se la trasladó al refugio.

Allí entró aún muy débil pero al menos ya comía y empezaba a caminar a pesar de tener su pata trasera derecha protegida por una férula que le molestaba bastante. Se la acomodó lo mejor que se pudo en una jaula aislada mientras se recuperaba.

Pasaron los días suficientes como para recuperar su buena salud y ya hacía vida normal con sus compañeros cánidos y humanos, pero sabíamos que su pata no estaba bien y que necesitaba ayuda pronto. Juan, el traumatólogo, nos dio esperanzas de salvar la pata si la operaba de forma urgente ya que había pasado mucho tiempo desde su accidente y rápidamente se reunió el dinero necesario gracias a donaciones solidarias. Después de tres horas de operación, Juan recompuso el puzle de sus huesos rotos y lo afianzó con una placa de acero. A partir de ese día empezó a cambiar la vida de Vilma.

En estos casos la convalecencia y rehabilitación es imposible en el refugio por lo que se buscó una casa de acogida para Vilma, una chica que la cuidó muy bien y que hizo posible su extraordinaria recuperación y a los 6 meses la volvieron a operar para quitarle la placa por lo quedó totalmente rehabilitada.

Lamentablemente, la chica que la acogía se tuvo que desplazar a Francia por cuestiones de trabajo y Vilma tuvo que regresar al refugio, donde estuvo solo un mes, ya que sus compañeros de caseta la agredían y en algún caso con consecuencias graves. A raíz de estos incidentes estuvo en acogida otra vez hasta que al fin las cosas parecían que iban a ir bien: en enero de 2014 la adoptaron.

A finales de mayo, sus adoptantes la devuelven por problemas personales en su casa. Desde que la abandonaran, e incluso después de que la recogieran en noviembre de 2012, la pobre de Vilma no ha dejado de dar tumbos. Sigue sin encontrar su sitio en este mundo. Ella no se lo merece y por eso le queremos dar un tratamiento especial a su difusión con este artículo.

Vilma es una perra preciosa, pequeña, que apenas pesa 12 kilos y supera los 40 cm. de altura. Está sana y fuerte, y de su operación ha quedado tan bien que no se le nota nada cuando entra en plena actividad ya que le gusta jugar como una cachorra. Le vendría muy bien gente joven y activa que le proporcione el ejercicio que necesita, aunque sabe pasear sin tirar de la correa y es obediente.

Es cariñosa con todos, con niños y otros perros, ya sean machos o hembras y los test con gatos han sido positivos.

Mira su ficha clicando en la imagen.


No lo dudes más infórmate, y ven a adoptar a Vilma.

Versión inglesa de Marian Bravo - Versión francesa de Rafael Amaro


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