Lila, expuesta a la Vida

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Su familia es de Bilbao y nos envían una postal y nos cuentan lo contentos que están con ella:

"Ya tenemos en casa a Lila. Es majísima. Llevamos toda la mañana en la calle es incansable, pero muy lista. Estamos de terracitas y conociendo a la familia. Ahora vamos a ir a por el pañuelo de fiestas para ella, que hoy empiezan. Por cierto, le gusta mucho el pintxo de tortilla y el tiempo este. Toda la mañana de chufla y quiere más. Quiere mimines y ronronea como un gatito."


Su historia anterior:

Vivir en el mundo de los humanos puede ser una ventaja evolutiva. Pero para muchos perros, como Lila, se puede convertir en un acto continuado de supervivencia. A diferencia de sus parientes salvajes, su dependencia hacia los animales de dos patas, los hace tremendamente vulnerables cuando el vínculo entre ambas especies se rompe.

Entonces el mundo donde viven se puede volver tan salvaje como el bosque o la estepa más duras. Proveerse de comida y lograr sobrevivir a las inclemencias del tiempo y al ataque de depredadores, supone la búsqueda y la lucha por las sobras no siempre accesibles, y, cuando escasean, disputadas con animales más grandes, escapar de ellos, ya sean de grandes colmillos o de largos brazos y voz lacerante. Y no siempre se tiene la suerte de escapar de las fauces de esos animales metálicos que en segundos convierten en astillas los huesos duros de perro.

Lila, seguramente sabe bien de lo que hablo, lo llevaba escrito en sus costillas a flor de piel y en su ojito perdido, en su cuerpo de papel, en su figura escasa.

Lila ha conseguido escapar del lado más cruel de este mundo y ahora queremos que vuelva definitivamente al lado donde habitan las personas con luz, y amables sonidos, con escudillas llenas de rica comida y agua fresca, y con una cama blandita para relegar el pasado –cuando aún no era Lila- con nuevos y dulces sueños.

Cuando se rescató, Lila pesaba 1,2 kg y llevaba su ojito izquierdo fuera de la órbita. Fue operada de urgencia por Paco en la clínica "Entre Mascotas", el cual acudió rápidamente a nuestra llamada ante la gravedad del estado de Lila. Afortunadamente se ha recuperado y según nos dice su casa de acogida, ella ya ni se acuerda. Ya pesa tres kilos y medio. Es muy cariñosa y mirad qué chiquitita es. No va a crecer más.

Si quieres darle su hogar definitivo, escríbenos.


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